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Hombres III

Jorge Guitián Castromil

La humildad del hombre sabio

Jorge Guitián

Jorge Guitián ha escrito esto en su blog y he pensado que se hacía necesario que os lo presentara. Sí, Jorge tiene un blog, como él mismo explica, uno de los blogs gastronómicos que hace más tiempo que se publican en España. Pero reducir a Jorge -y a Anna, su pareja, que un día también os tengo que presentar- a la categoría de blogger sería un reduccionismo de lo más injusto. Jorge es mucho más. En mi opinión Jorge Guitián es uno de los pocos escritores gastronómicos de verdad verdadera que existen por aquí. Y mucho más, si tenemos en cuenta, tal y como él mismo explica en ese mismo post, cuál es el panorama actual de los blogs gastronómicos. Si nuestro entorno cultural fuera normal -sólo normal, ¿eh?- Jorge ya llevaría una docena de libros escritos y publicados y sería alguien que impartiría charlas, conferencias y coordinaría másters con regularidad. Pero como aquí hemos reducido la gastronomía a lo que la hemos reducido, pues pasa lo que pasa, y personajes absolutamente imprescindibles como Jorge no tienen ni de lejos el reconocimiento que deberían tener. Obviamente esta es una opinión personal. Tan personal como este blog -el mío- y tan personal como esta sección que dedico a retratar a la gente que quiero, admiro y respeto, tres categorías en la que Jorge encaja a la perfección.

Cuando yo también tenía un blog gastronómico -uno mucho peor que el suyo- una de las primeras entradas que publiqué fue una entrevista a Jorge. De hecho, y esto ya lo he contado mil veces, descubrir lo que Jorge escribía hizo que yo me replanteara el mío, lo pusiera a dormir un tiempo, y lo retomara con un rumbo distinto, porque yo quería acercarme a lo que hacía él con el suyo. Pensé, en mi bisoñez blogeril, cuando le escribí para pedirle que me hiciera el favor de responder a mis preguntas, que o bien me mandaría al cuerno o bien tardaría un mundo o bien sería, como sucedió con otros totems a los que yo admiraba entonces -ahora las cosas han cambiado-, que obtendría contestaciones algo más que escuetas. Y no fue así. Jorge contestó casi de inmediato, como hace siempre que le pido algo, y de forma generosa, prolija y torrencial. Además me daba permiso para “sacar la tijera” y cortar lo que hiciera falta. Os podéis imaginar la longitud de la tragedia. Pero a Jorge no se le corta. Se le lee y punto.

No deja de ser curioso que alguien que en la distancia corta se muestra comedido y hasta tremendamente tímido, así que pilla el teclado y se pone a escribir es un torrente de ideas y un magnífico ejecutor de textos muy bien trabados… y largos. Jorge es historiador, del arte para más señas y especializado en la gestión del patrimonio cultural. Con estos andamiajes os podéis imaginar, los que no lo conozcáis, cuales son los ladrillos con los que construye su discurso. Además es gallego, profundamente gallego. Pero de una forma bien. Como hay que ser cualquier cosa que se sea en este vida. Oteando el mundo con curiosidad crítica, criterio propio y más allá de nuestras propias narices y nuestro terruño. Jorge demuestra que lo local y lo global no tienen porque estar reñidos. Que se puede ser cosmopolita y tener un profundo conocimiento y aprecio por lo más cercano, sin renunciar a nada ni caer en determinadas poses ridículas. Jorge además es uno de los tipos que posee uno de los discursos gastronómicos más centrados y ecuánimes que conozco.

Y eso es así por varias cosas. La primera, es que dentro de este circo en el que se ha convertido el mundo gastro, él es una de las personas más honestas que conozco, lo que le ha valido algún que otro disgusto. Iba a escribir que es la persona más honesta que conozco, pero como no conozco a todo el mundo, ni falta que me hace, así que por una vez modero mi propensión a la hipérbole. Jorge es honesto en sus opiniones, en sus juicios, en su actitud y en sus compromisos. En esa entrevista, yo lo presentaba como un agitador cultural. Él  se veía más como un divulgador que quería dar a conocer, ayudar a valorar y proteger el patrimonio gastronómico. Creo que en el páramo cultural en el que vivimos, un divulgador como él no deja de ser un agitador. Quizás en Francia, alguien como Jorge sería sólo un divulgador, pero aquí no. Aquí es un agitador.

Y en segundo lugar, es que Jorge sabe un mundo. Sabe mucho, muchísimo. Lector voraz y un auténtico pata caliente, que no para de viajar para conocer las cosas in situ. No sólo de Galicia, sobre cuya gastronomía es un auténtico referente. Pocos conocen tan de primera mano tanto sobre la gastronomía de Portugal, Andalucía y toda la zona de Levante, o la cultura gastronómica ligada al cerdo por poner algunos ejemplos. Jorge escribe sobre gastronomía del modo en que yo siempre he sentido que había que escribir de gastronomía y de la manera en que yo siempre quise escribir.

No sé si somos muchos o pocos los que le debemos mucho a Jorge Guitián. Yo sí.  Es más joven que yo, y a pesar de ello he aprendido y aprendo mucho de él. Seguramente, no todo lo que debería, sobre todo a morderme la lengua en alguna ocasión pero, sinceramente, casi siempre el peligro de envenenarme era demasiado grande como para no soltarlo. Yo soy un poco alacrán, y el no. Él es un sabio.

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