Mujeres I

Gemma Villalbí Roda

La joie de vivre

Gemma Villalbí Roda

Gemma Villalbí es mi mejor amiga, a pesar de que de entre todos mis amigos es la que hace menos tiempo que conozco. ¡Ojo cuidao! He escrito que es mi mejor amiga, y a lo que me refiero es que de entre amigas y amigos, ella es la mejor de los mejores. Hace poco, pues, que vivo en Gemma. Sí. He escrito que “vivo en Gemma”. Normalmente decimos que vivimos en Barcelona, en Italia o en Pernambuco. Eso nos define, nos vincula a un lugar a su historia y a sus recuerdos o a los recuerdos que tenemos de ese sitio. Es mucho más que una vinculación geográfica o política. Es una vinculación del alma. Claro que después están los idiotas que dicen que son ciudadanos del mundo. Pues eso. Unos idiotas. Colonizan el mundo este del que dicen que son ciudadanos.

Yo vivo en Gemma porque a pesar de que hace poco que nos saludamos por primera vez -cuestión esta bajo estricto secreto de sumario- tengo tantas cosas del alma que me ligan a ella, que sin ninguna duda puedo escribir que vivo en Gemma. Quizás pensáis que estoy loco o que soy un cursi o un idiota peor que los ciudadanos del mundo. Y quizás tenéis razón, pero sé que Gemma me entiende.

Y vivo en ella porque Gemma Villalbí, la Villalbí, me ha enseñado un puñado de cosas importantes. No os voy a hacer el listado in extenso nomine Patri. Sólo me referiré a dos.

La más importante. Gemma me ha enseñado lo importante y lo bonito que es querer y amar, pero no únicamente en el sentido altruista de entrega a los demás. No. La Villalbí me ha hecho entender -y tiene su mérito que yo para estas cosas soy más bien ciudadano del mundo- que amar y querer es una forma maravillosa, no ya de hacer felices a los demás, sino de ser feliz uno mismo. Quizás vosotros ya lo teníais claro, pero yo no. Y resulta que Gemma estaba en lo cierto. Soy muy feliz queriendo a los demás a pleno pulmón. Quién me lo iba a decir. La Villalbí anda ahora tratando de que me quiera un poco más a mi mismo, pero ya veremos. Soy un hueso duro de roer.

La segunda y muy relacionada con la anterior. Gemma me ha enseñado a amar la vida. A ver. Qué no se asuste nadie. Yo la vida siempre la he amado (¿te enteras?). A lo que me refiero es que la Villalbí me ha instruido en el arte de la joie de vivre, de la que ella es una maestra. La pu** ama. Pocas personas conozco que vivan su vida con tanta intensidad y alegría, pese a las dificultades que la constante inspiración y exhalación de aire conlleva. Pocas personas disfrutan tanto de todo, por poco e insignificante que sea la cosa. Ya escribí algo acerca de eso. También una ida de olla sobre que ella era roja y yo verde. En eso Gemma es una master del universo. Debo reconocer que aquí soy un alumno de aprobado raspado. Pero es que todos tenemos nuestras querencias, nuestras necesidades y nuestras fobias y filias.

¿Cómo no voy a vivir en alguien como Gemma?

Y ella puede ser roja, pero tiene unos ojos verdes como amatistas. Y verte en los ojos de Gemma es creer en la esperanza de que el mundo puede ser un lugar mejor, del que quizás sí valga la pena ser ciudadano.

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